No sé qué pensar mientras pienso en no ser o dejar de ser. He visto provisto de atisbo. Me visto. Camisa, pantalón, zapatos y estado de ánimo hoy nublado al revés que el tiempo siendo metereológico. Una lógica veloz. El día que maté mis ilusiones y enterré mis utopías llovía y yo no llevaba paraguas simplemente un plástico que hizo las veces de mientras yo me deshacía entre la nube la gota y el césped o la tumba ausente de flores y el jardinero me contemplaba también desprovisto de paraguas aunque provisto de bolsa de poliuretano que hacía las veces de mientras yo me deshacía entre el nihilismo zaratustra y el bajo de mi pantalón y el jardinero luchaba contra la hierba y yo contra mi propia naturaleza mientras una viuda lloraba a su marido puro hueso también desprovista de paraguas aunque provista de enorme y ridículo sombrero de pana negro como el ocaso que hacía las veces de mientras yo me deshacía entre la soledad la angustia y un zumo de naranjas y la viuda luchaba contra su condición y yo contra mi acondicionador de cabello mientras el promotor vendedor de parcelas enseñaba a futuros cadáveres las ventajas y comodidades del recinto también desprovisto de paraguas aunque provisto de carrito eléctrico con toldo que hacía las veces de mientras yo me deshacía entre el cielo el infierno y la calefacción a gas butano y el vendedor luchaba contra la indiferencia de los muertos del mañana y yo contra las interferencias de mis pensamientos. Entonces atravesé el umbral el límite y me enterré para no mojarme, no empaparme y me sentí muerto de veras muerto entre los muertos junto a mis ilusiones y utopías y dejé de pensar en qué pensar hasta dejar de ser en qué ser.