Recuento glóbulos blancos de mi ironía cotidiana. Drácula muere por una diálisis mal practicada. Recuento glóbulos. Testigo soy víctima fui. Acaso el ocaso el sol la luna. Un riñón se reserva el derecho de admisión de un líquido de mal aspecto. Apesto. Quién sabe quién sabrá yo sabré. El blanco envidia al amarillo. Responso tuétano colores vivos despojos vacíos azules de litio. Litigio los límites entre el deber y el hacer. Hago lo que debo. Lo que adeudo. Acuerdo discordias. Un paso dos pasos tres pasos. Camino asfalto atropello muero. Una muerte de jueves. Rezando frente a una vela aromática. Fumando porro para volar hacia Dios. ¿Está arriba este muchacho? Nunca lo encuentro y recuento glóbulos. Acaso el ocaso. ¿Qué hace Drácula en tiempos de SIDA? Bebe gazpacho. El tiempo pasa y me pisa me aplasta y el reloj cucú deja de cuquear. El pajarito escapa y pierde la noción del tiempo. El tiempo que pasa que pisa que aplasta. Recuento glóbulos para saber la hora en que vivo. A las veintiseis de la noche. Un día que comienza y nunca acaba, el reloj digital marca las treintaydos y la luz del día se estanca y Drácula se deprime. Acaso el ocaso. Me río sobre el mar y me mareo sobre el río. Drácula es la mujer de la que me enamoré y me abandonó. Drácula soy yo para las mujeres que se enamoraron y sufrieron mi abandono. ¿Qué siente Drácula frente a la menstruación? ¿Qué hace drácula cuando le queja una hemorroide? ¿Se desespera frente a tal desperdicio de sangre? Su sangre que es la mezcla de las ajenas. Recuenta glóbulos rojos para poder conciliar el sueño. Ocaso el acaso
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CEMENTERIO
@ 2005-12-16 – 18:21:58
No sé qué pensar mientras pienso en no ser o dejar de ser. He visto provisto de atisbo. Me visto. Camisa, pantalón, zapatos y estado de ánimo hoy nublado al revés que el tiempo siendo metereológico. Una lógica veloz. El día que maté mis ilusiones y enterré mis utopías llovía y yo no llevaba paraguas simplemente un plástico que hizo las veces de mientras yo me deshacía entre la nube la gota y el césped o la tumba ausente de flores y el jardinero me contemplaba también desprovisto de paraguas aunque provisto de bolsa de poliuretano que hacía las veces de mientras yo me deshacía entre el nihilismo zaratustra y el bajo de mi pantalón y el jardinero luchaba contra la hierba y yo contra mi propia naturaleza mientras una viuda lloraba a su marido puro hueso también desprovista de paraguas aunque provista de enorme y ridículo sombrero de pana negro como el ocaso que hacía las veces de mientras yo me deshacía entre la soledad la angustia y un zumo de naranjas y la viuda luchaba contra su condición y yo contra mi acondicionador de cabello mientras el promotor vendedor de parcelas enseñaba a futuros cadáveres las ventajas y comodidades del recinto también desprovisto de paraguas aunque provisto de carrito eléctrico con toldo que hacía las veces de mientras yo me deshacía entre el cielo el infierno y la calefacción a gas butano y el vendedor luchaba contra la indiferencia de los muertos del mañana y yo contra las interferencias de mis pensamientos. Entonces atravesé el umbral el límite y me enterré para no mojarme, no empaparme y me sentí muerto de veras muerto entre los muertos junto a mis ilusiones y utopías y dejé de pensar en qué pensar hasta dejar de ser en qué ser.
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PALABRAS PARA UNA BODA
@ 2005-12-16 – 18:18:44
Conocí a Rosana y a Pablo a través de un aviso en segundamano. Jamás imaginé que por tan solo 25 céntimos de euro iba a conocer a prodigiosa esencia humana junta. Jamás supuse que más allá del “se alquila habitación en piso compartido” iba a encontrar a dos seres que se convertirían, para mí, en imprescindibles. Jamás pensé que le iba a deber tanto a un periódico de clasificados.
Rosana y Pablo son una pareja en peligro de extinción: de las que se casan porque se atreven a sentir intensamente. Porque se han dejado llevar por la piel más que por las ideas. Y han saciado la única idea que los rige, la del amor, amando la idea. Y al amarla la han redefinido. Han ampliado el concepto. Han extendido sus límites. Han creado nuevas enunciaciones, nuevas formas de relacionarse, nuevas formas de decirse que se quieren y de prodigarse cariño. Son verdaderos maestros en la materia. Han convertido un sentimiento en una constante celebración. Se quieren sin tapujos, se lo dicen y lo ratifican confirmando sus terminaciones nerviosas. Es envidiable su anarquía en el afecto. Sus impulsos carentes de reglamentación. La romántica forma en que han usurpado y saqueado sus corazones al punto de ir más allá y hacer latir sus labios, sus bocas, sus ojos, sus manos, su todo. Corre por sus venas sangre ebulliciente. Y es esa sangre la responsable de la enorme pasión con la que empapan cada uno de sus actos, con la que impregnan cada una de sus acciones, con la que transforman cada momento compartido en magia en estado puro. Y si hay un mérito aún mayor, es su capacidad de contagio. A su lado uno se infecta de pasión, se contamina de afecto, se enferma de ternura. Han propagado la más hermosa y saludable de las epidemias. Son dos seres maravillosos que hacen que uno se sienta maravilloso a su lado porque impulsan lo mejor de cada uno y nos alimentan del deseo de querer ser mejores personas.
Todos debemos sentirnos profundamente privilegiados de haberlos encontrado en nuestros caminos. De habernos cruzado a dos seres que si ya de por sí son maravillosos y entrañables en su singularidad, juntos se elevan a la máxima potencia. Juntos ubican en la categoría de lo admirable cada cosa que hacen. En la categoría de lo extracotidiano. Cuando caminan cogidos de la mano dejan de sentir el suelo y van a ras de él, flotan en el aire. Y no pueden dejar de pensarse porque se pierden cuando no se piensan. No se encuentran cuando se dejan de pensar. Se quieren y eso lo es todo, lo abarca todo, lo tiñe todo. Y, gracias a ello, hacen realidad cualquier quimera, hacen posible cualquier utopía. Ellos mismos son una gran utopía hecha realidad.
Difícil será atreverse a casarse a partir de mañana. Han colocado el listón demasiado alto.
No puedo dejar de sentirme orgulloso y sumamente honrado por ser testigo de este crucial acontecimiento. Y me equivoco, porque aunque sean hoy ellos los protagonistas de esta magnífica boda, gracias a su extraordinaria naturaleza, y ese inigualable poder de contagio, nos hacen experimentar la certera sensación de que también cada uno de nosotros es un protagonista especial de este casamiento. Gracias.
Si la vida vale de veras la pena es porque existen en ella seres de la talla de Rosana y Pablo. Personas como ustedes le dan sentido a la vida. Yo no creo en Dios. Yo creo en ustedes, los venero y los admiro. Ustedes son mis dioses. Aleluya y felicidades.
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LO NUESTRO NO FUNCIONA (Largometraje. Argentina, 2003)
@ 2005-12-16 – 18:08:19
“En el mismo torrente, en la tempestad y hasta en el huracán de una pasión se debe mostrar una templanza que lo haga armonioso”
(Hamlet, Shakespeare)Un bolso es acarreado. Un bolso despierta una sensación. Un trompo gira sobre una mano. Un trompo despierta un sentimiento. Ineludible. Una historia comienza a girar. Inevitable. Comenzamos a adentrarnos en la audacia del detalle. La minuciosidad de cada momento. Imprevisible. Una mancha de moho de un verde intenso sobre una pared de ladrillos nos sumerge en un estado. Las cosas pequeñas nos sumergen en estados profundos. Cada detalle cobra sentido. Cada sentido es un detalle. Los elementos cobran una vida distinta a la que nos tienen acostumbrados. Cine de estados. Cine experimental que experimenta con los estados para que el espectador experimental experimente con los suyos. Las imágenes son cuadros que uno contempla con cierto distanciamiento en un principio, pinturas que destilan vida, y luego, de a poco, uno va siendo atrapado por esos cuadros, armoniosamente fagocitado al punto de transformar la cámara en uno mismo inmiscuyéndose en esa vida. Un constante ir y venir entre el sentirse contemplador y sentirse partícipe de lo que antes se ha contemplado, de lo que se está contemplando. Cada plano destila mucho cuidado y uno se siente cuidado por cada plano.
Cine de descubrimientos. Cine que potencia el desciframiento de subtextos. Descubrir no lo que hay detrás de las puertas de un armario o una nevera sino delante de ellas. Descubrir lo que no dicen en textualidad los actores sino los objetos, los carteles, los animales. Descubrir lo que hay refractado detrás de una imagen. La mirada a través del espejo, la mirada refractante. El exterior como reflejo refractante, así como los espejos, del movimiento interno que sucede en los personajes que por momentos casi ni se mueven. Se mueve el entorno que desparrama lo que se ve de lo que no se ve. El ritmo aparentemente denso esconde un devenir vertiginoso. No pasa nada, pasa todo. La espera, el tránsito. Los tránsitos hacia las esperas.
Cine de rastros. Los rastros que van dejando en los planos las cosas que se mueven. Los rastros de los ladridos como palabras escondidas –recordándome también a un plano del documental 20 minutos, documental que también deja sus buenos rastros-. Los rastros de los sonidos. Su conjugación. La alarma de un coche, el motor de una lancha, el motor de un bote, los pájaros, los grillos, la flauta, el saxo y hasta una tos que nos despierta la necesidad de volver a oírla. La imbricación de los sonidos y los personajes como rastros que los definen.
Cine de interrogantes. Cine que te llena de preguntas. De reflexiones. De asociaciones. ¿A dónde van estos personajes? El bote y el rumbo difícil de definir o conseguir encarrilarse uno en él. ¿A dónde va uno? La película te vacía para enseguida llenarte y volver a vaciarte y así sucesivamente. Uno reflexiona durante y después. Uno se sumerge durante y sigue sumergiéndose después. Uno se sumerge en preguntarse en qué está realmente sumergido. No en vano la constante presencia del agua, el caudal, la corriente.
Incluso la lluvia que llega casi al final y con ella la soledad que se instaura arrastrada por la soledad ya instaurada. Un juego de encastres de soledades. El bote vacío, el barco vacío, el vómito que vacía y que es el del personaje y es el del espectador como canalización de los estados y sentimientos que el largometraje le ha ido confiriendo.
La toma de clásico final, el alejamiento progresivo de la cámara, que antecede al final.. Una vez más un brillante efecto que nos predispone de una particular manera a sentir lo que aún falta.
Y aún falta deleitarse con un paisaje, de abrumadora belleza, que vuelve a removernos todos los estados y sentimientos que ya creíamos sedimentados.
Y aún falta que los perros ya no ladren.
Aún falta que regrese la tos.
Y el bolso que así como fue principio es conclusión.
Y el trompo que nos transmite la sensación de haber sido el motor subyacente de todo lo que ha ido girando. Pero el trompo ya no gira, no se le puede hacer girar, entonces, al final, con la música interpretada por esos tres muchachos -que son diferentes facetas de una misma persona pero no son la misma persona-, comienza otro giro.
Es el trompo que a comenzado a girar dentro de uno.
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FICHA TÉCNICAIntérpretes: Tatiana Saphir, Javier Drolas, Agustín Repetto, Martín de Goycoechea.
Fotografía: Lucas Luna
Cámara: Lucas Luna
Dirección de arte: Jorge Bernal y Victoria Gomez Grün
Música: Javier Drolas, Agustín Repetto y Martín de Goycoechea
Montaje: Maruja Bustamante y Martín Rago
Sonido: Guillermo Picco
Producción: Nicolás Álvarez y Sofía Alurralde
Foto fija: Maricé Maser
Sonido directo: Julián Catz
Dirección: Nicolás Alvarez e Ivan Wolovik.